Resulta paradójico, descorazonador y chocante, llegar a un país como Guatemala, donde, el domingo pasado, al mismo tiempo que un grupo de jóvenes inauguraba el V Festival Internacional de Poesía, en la ciudad de Quetzaltenango; se circulaba el video sobre el más escandaloso hecho político, no del país; sino de Centroamérica, en los últimos veinte años de vida democrática.
Hace años viajo a Guatemala y estoy convencido que es un país mágico, de un encanto totalmente único en la región; pero atravesado por los rituales políticos más contradictorios que, al menos yo, he logrado observar en el Istmo. Nada o muy poco, en este país, pasa por las vías ordinarias, esa es su magia y su tragedia.
Es su magia, porque en un país donde, históricamente, el Estado ha hecho caso omiso sobre la importancia de la educación para sus habitantes, un grupo de jóvenes llevan cinco años organizando una fiesta literaria, donde las personas, leen, escuchan y escriben poesía. Se lee en español, inglés, quiché, canjobal, mam o tzutuhil. Las comunidades se acercan a los parques, iglesias, escuelas, universidades y oficinas policiales, entre otros sitios, para leer, en un país que condenó a su población al eterno analfabetismo. Quizá, como ha escrito el poeta maya quiché, Humberto Ak´abal, se escribe y se lee, para taparle la boca al silencio.
Es su tragedia, porque mientras su población busca refugio en la literatura; mientras sus jóvenes lanzan una propuesta de convivencia social en democracia y a través de un diálogo que reconozca las diferencias entre sus habitantes, sus más altos dirigentes políticos se han colocado en el centro de una vergüenza que no tiene nombre. Sí, mientras esa población, a la que el Estado le negó su reconocimiento, su inclusión, su respeto, su acceso a los libros, se organiza alrededor de valores tan altos; sus dirigentes, se empecinan en buscar el beneficio propio, la ventaja política, la conveniencia económica, su desprestigio personal. Como escribió una vez Mario Monteforte Toledo, en uno de sus cuentos, hay personas en Guatemala, que se sienten con el derecho de orinar sobre el mundo.
Los acontecimientos de esta semana, esta vergüenza nacional, este escenario tan oscuro, tan poco claro, que ha acaparado la atención de la comunidad internacional, revela, esa extraordinaria manera en que el sistema político guatemalteco opera. Los rituales personalísimos de cada movimiento político, señalan la poca institucionalidad del Estado y muestran la tragedia de este país. Todo se mueve de manera personal, por contacto, por intercambios entre grupos, organizaciones, con poca transparencia y en medio de eso que el joven poeta, Pablo Bromo ha señalado, como una humazón del carajo, que como chinga los ojos.
El sistema político guatemalteco (lo que hay o lo que queda de él) hasta el momento no ha respondido, no se ha activado. Lo que hay, es una mediación personalísima de los principales actores de la coyuntura actual. La fiscalía, sujeta a los llamados y reuniones secretas, por parte del Presidente de la República (qué razón tenía Miguel Ángel Asturias). Además, en medio de un fuego cruzado, entre las presiones de la cooperación internacional y el control directo que ha asumido el general, Otto Pérez Molina.
El Congreso está paralizado y a punto de irse a receso. Se entretiene llamando “a la calma a sus ciudadanos” para que no ocurra una tragedia y en discutir sobre la creación de una “comisión investigadora” para el esclarecimiento del caso. La tragedia ya ocurrió y en el parlamento, ni se dan por enterados. El sistema de partidos se cuida las espaldas y, con el agravante de no tener las más mínima capacidad para influir en un sistema que, como hemos dicho, opera fuera de los procesos ordinarios.
Una de las lecturas que se hicieron en el marco del V Festival de Poesía, se llevó a cabo en la ciudad de Totonicapán. El patio de la escuela recibió la lectura con fiesta y caritas de niños y niñas a la espera de que un poema les resolviera el recreo. En el interior del establecimiento, se instalaron unas mesitas de plástico, unas sillas y un micrófono con un parlante un poco chueco, como dicen allá. Al fondo del patio, lo que se observaba era un basurero, donde perros y zanates se disputaban los desperdicios de comida, cartón y deshechos. ¿Cómo pueden estudiar estos niños?, me preguntó Rodolfo Hassler, poeta español, poco después.
Sí, en efecto, Guatemala, le dije a Rodolfo, es un país de contrastes, porque mientras sus niños y niñas, leen poesía en una escuela donde perros y zanates hacen su casa; mientras su población busca salidas para su estado de perpetuo analfabetismo; sus personajes más dignos, se olvidan para que fueron electos, para qué sirve la democracia, para qué se firmó la paz. Sí, Rodolfo, amigos, amigas, este país, que se llama Guatemala, es un país de contrastes y enormes vergüenzas.
Daniel Matul Romero
Guatemalteco
Profesor de la Universidad de Costa Rica
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